Cuento: Los Niños del Futuro

Cuenta la historia que los niños del futuro están siempre delante de una pantalla, para aprender en clase, una pantalla grande, para estudiar en casa una pantalla más pequeña. También miran dibujos animados en una pantalla, y juegan a multitud de juegos a través de una pantalla.Hacen poco deporte, no les gusta demasiado pasear por la naturaleza, viven en ciudades grandes, y ocupan su tiempo en observar lo que tienen delante de los ojos.

Un buen día una niña llamada Antoñita, conocida como la fantástica, estaba jugando en su tableta con su juego favorito, los Angry birds. Llevaba tanto tiempo mirando la pantalla que le molestaban los ojos, así que decidió parar un momento para descansarlos.

De camino a la cocina pasó por delante de la habitación de sus padres y vio a su papa sentado frente a una caja vieja abierta. Al entrar a saludarlo vió a su padre sacando de la caja un desgastado disfraz de La Masa, de tamaño de niño. Su padre no se había dado cuenta de que Antoñita estaba en la habitación, sostenía entre sus manos el disfraz y con los ojos cerrados esbozaba una amplia sonrisa en su rostro.Antoñita se quedó callada, observando a su padre, se le veía feliz. De pronto su padre se dio cuenta de que no estaba solo.

–       Hola hija

–       Hola papi, ¿Qué es eso que tienes entre manos?

–       Es  mi disfraz de La Masa, de cuando tenía más o menos tu edad.

–       ¿Y que hacías cerrando los ojos y con esa gran sonrisa?

–       Estaba recordando cuando me lo ponía e imaginaba que era la verdadera  Masa,  luchando contra el lagarto, o el doctor octopus. Este disfraz me dio grandes momentos de felicidad y al verlo de nuevo los he recordado, por eso sonreía.

–       Pues hay un juego de la antigua Masa para el iPad que es un pasada, te encantaría.

–       No es lo mismo hija, los juegos de los móviles y las tabletas nunca se podrán comparar al poder de la imaginación.

 Antoñita intrigada preguntó:

–       ¿Pero que es la imaginación?.

–       Claro no me había dado cuenta que ahora pasáis tanto tiempo delante de la caja tonta, la televisión, el móvil, la tableta, el ordenador….que habéis perdido la capacidad de imaginar. En verdad es culpa de los padres que no nos preocupamos de enseñaros a utilizarla, no contamos cuentos. Es más fácil daros una pantalla para que os entretengáis. Pero eso va a cambiar ahora mismo.

El padre cerró la caja y le pidió Antoñita que se sentara en el suelo.

–       Ahora cierra los ojos y busca en tu cabeza la imagen del personaje de tus dibujos animados favoritos.

 Antoñita buceaba entre los miles de imágenes guardadas en su mente en busca de uno de sus héroes preferidos.

–       Ya lo tengo papi, es el elefante elegante.

–       Bien, ahora escucha el cuento. El elefante elegante está en el puente de mando de la nave cohete, comienza una misión con destino al planeta de la pandereta, una peligrosa aventura en la que intentará conseguir la receta del algodón de azúcar que guardan bajo tierra sus habitantes, las chuches gigantes.

–       Pero papi, eso no salía en los dibujos.

–       Da igual, ¿eres capaz de verlo en tu cabeza?

Antoñita se concentró, de pronto comenzó a ver al elefante, y a la nave cohete en su mente.

–       Si papi, veo al elefante y también la nave, ¿y ahora qué?.

El padre continúo su relato:

–       El elefante elegante cierra la puerta de la nave cohete, saluda por la ventana a sus amigos, la rana Mariana, el caballo alado, el pez que tenía la cola al revés. Pone en marcha los motores y sale disparado hacia el espacio, ¿los ves?.

–       Si papi, veo a los animales….y ahora la nave volando, está en el aire!!!!

–       La nave pasa cerca del planeta de los arboles cantores, el elefante escucha sus melodías interminables, también ve el planeta galleta, con sus ríos de chocolate y sus montañas rellenas de fresa…hasta que divisa el planeta pandereta, que como su nombre indica es igual que el instrumento navideño.

–       Si papi, lo estoy viendo todo, sigue, sigue

–       Entonces la nave cohete aterriza sobre el planeta, y el elefante se prepara para cumplir su misión. Viene a conseguir la receta del algodón de azúcar, las chuches gigantes no la quieren compartir con nadie, pero el elefante trae algo para intercambiarlo por la receta, algo que las chuches gigantes no podrán resistir…la forma de fabricar gelatina con sabor a nubes.

Antoñita seguía con los ojos cerrados, escuchando la historia que su padre contaba, recreándola en su cabeza. De pronto su padre le dijo:

–       Ahora abre los ojos hija.

Antoñita abrió los ojos y se vio sentado en la habitación de sus padres.

–       Pero papi, porque paras, estaba a punto de saber si el elefante elegante era capaz de conseguir su misión, era muy divertido.

–       Si, ¿verdad? estaba usando mi imaginación para enseñarte cómo hacerlo, ahora vas a comenzar a emplear la tuya. Hija cierra los ojos de nuevo y recupera al elefante dentro de su nave con la formula de la gelatina de nubes en la mano.

¿Lo tienes?

–       Si papi, sigue.

–       No ahora eres tú sola la que va a inventar la historia, usa tu imaginación, tus palabras, háblate a ti misma en tu cabeza.

–       Pero nunca lo he hecho papi, no voy a saber.

–       Claro que serás capaz, lo has estado imaginando mientras seguías mis palabras, ahora debes crear tu historia dentro de tu mente.

Antoñita se concentró más que nunca, buscó la imagen del elefante dentro de la nave con la formula en la mano, y cuando la encontró imaginó que el elefante bajaba de la nave, las chuches gigantes lo apresaron y lo llevaron ante la reina. Tenía miedo, pero se armó de valor y le propuso hacer un trueque, cambiar la receta del algodón de azúcar por la fórmula de la gelatina con sabor a nubes. La reina estuvo de acuerdo en el intercambio y para celebrarlo organizaron una fiesta de fuegos artificiales como el elefante jamás nunca había visto.

Su padre le preguntó:

–       Cuéntame que pasa, estoy intrigado.

–       Papi, el elefante ha convencido a la reina y van a intercambiar la receta por la fórmula, han organizado una fiesta de fuegos artificiales, increíble. Al terminar el elefante se monta en su nave cohete y parte de vuelta al planeta de los animales inventados. Al llegar lo reciben como un héroe, enseguida construyen una fábrica para producir algodón de azúcar. El día que la ponen en marcha el elefante rompe la cinta inaugural y todos disfrutan del algodón y su sabor dulce.

De pronto Antoñita abrió los ojos y se vio sola en la habitación de sus padres. Buscó a su padre por la casa y lo encontró en el despacho.

–       Papi, ¿por qué me has dejado sola?

–       Quería demostrarte que no me necesitas para imaginar, ya eres capaz de que tu mente vuele sin mi ayuda. La imaginación es nuestro súper poder, somos los únicos animales de la tierra capaces de soñar despiertos. Además de para jugar y divertirnos la imaginación se usa para otras cosas, por ejemplo para resolver problemas, los más grandes inventos de la humanidad son producto de la imaginación.

Desde aquel día Antoñita comenzó a disfrutar de su imaginación, seguía jugando con la tableta y el móvil, que también son divertidos, pero siempre guardaba tiempo para disfrutar de sus sueños despierta. Enseguida se dio cuenta de que podía imaginar con los ojos abiertos y en movimiento.

Un buen día que su padre no encontraba en la cocina la cuchara de madera para remover un guiso, le preguntó en voz alta

–       ¿Hija, has visto la cuchara de madera?, pero nadie contestó.

Comenzó a buscarla por la casa, escucho ruido en su dormitorio, entró pero no la vio.   Cuando se iba escuchó un ruido tras la cortina, la abrió y allí estaba escondida con un trapo de la cocina anudado al cuello y la cuchara de madera en la mano. Y le dijo:

–       Cierra papi, Pinocho quiere raptar a la cuchara de madera, pero ella no quiere irse, nos hemos hecho muy amigas, y estamos aquí escondidas para que no nos encuentre.

Cuando cerró la cortina el padre sonrió, y un sentimiento de nostalgia se apoderó de su corazón, al recordarse cuando era un niño.

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